Más que una carrera de grandes nombres tecnológicos, la IA es la mejor amiga de la startup
Aunque existen compañías dedicadas a desarrollar la infraestructura de esta industria del algoritmo, todo el ecosistema, sin importar el tamaño, recurre hacia dentro y hacia fuera a la herramienta de moda
No hay semana sin que una primera plana, al menos en los muy tecnológicos Estados Unidos, dedique un mensaje apoteósico a alguna de las novedades registradas en torno a la inteligencia artificial. Se disputa, por una parte, el grand prix de los LLM, esos ChatGPT, Claude y Gemini a los que el público más generalista se refiere como si de un amigo muy cercano se tratase; se anuncian inversiones abracadabrantes; se calculan despidos que quizás tengan menos que ver con la IA que con las vacas gordas; y se expanden los términos de un debate donde caben los agentes autónomos, los world models, las urgencias energéticas de los centros de datos, la robótica e incluso la posibilidad de que las máquinas terminen un día alcanzando la consciencia.
Esta descripción de hitos y eventos, a menudo colindante con la teoría y la abstracción, impide ver los árboles que componen el bosque. Para muestra, el increíble botón de Freepik, renombrada hoy Magnific, una scaleup malagueña que ha creado a golpe de talento y visión una posición dominante en la esfera de las plataformas de IA dedicadas a creadores, departamentos de marketing y estudios de producción cinematográfica. Joaquín Cuenca, el CEO, cuya trayectoria se ha descrito en estas páginas, presenta una hoja de servicios sin parangón en Andalucía: 200 millones de ingresos anuales recurrentes, más de un millón de suscriptores de pago y una interfaz que hace palidecer a la competencia (Midjourney, Leonardo).
Pero Magnific es una empresa de IA, puramente orientada a esta industria pesada, y de nuevo la majestuosidad podría deparar cierta miopía. En realidad, estas herramientas y otras con fines distintos pero siempre nutridas del algoritmo, benefician claramente a la pyme. La pequeña y mediana empresa española despunta, de hecho, como early adopter en el conjunto europeo. Según el barómetro de Google, este mismo mes, la tasa de adopción entre ellas es del 9,3% frente al más modesto promedio de la UE, situado en un 8%. Además, el Boletín Económico del Banco de España, basado en la EBAE, revela que casi el 20% del sector privado recurre a la IA en España, aunque muchas de esas compañías pioneras admiten hallarse todavía en fase experimental pese a que todas informan de un aumento de la productividad. Por último, una de las principales consultoras mundiales, PwC, advierte en su estudio Global AI Performance que también en este ámbito se identifica una brecha: apenas el 20% de las empresas absorbe el 75% del valor económico generado por la IA.
Hace un par de años, Miguel Arias, una de las piezas clave de la gestora de venture capital K Fund, top 3 nacional en inversiones en el ecosistema, deslizaba un matiz que se ha demostrado cierto: más que un vertical per se (que lo es para la infraestructura que sostiene toda la musculatura de los LLM), la IA terminaría siendo tan transversal como el paquete Office de Microsoft, un CRM o el mismo teléfono móvil. Dicho de otro modo, no habría organización competitiva que no incorporase las posibilidades de la IA a su negocio. Así ha sido: de momento, los usos más habituales de este ramillete de softwares son la gestión empresarial (contabilidad, papeleo, recursos humanos), los departamentos de I+D y el marketing.
Existe, asimismo, un creciente grupo de startups capaz de colocar, sobre la peana del LLM, una capa extra que tunea el modelo y lo dota de especificidad. La valenciana Maisa diseña así a sus trabajadores digitales, la segoviano-madrileña Tucuvi permite de este modo que agentes de voz administren miles de citas médicas, la barcelonesa Hirevoice articula gracias a este armamento entrevistas de trabajo que quedan en manos de chatbots. Una de las virtudes de la IA es su naturaleza poliédrica: sirve a una agrotech como Grodi, alojada en el centro Misión Agrotech en El Ejido, pero también a una startup especializada en movilidad inteligente (Curb) o a una plataforma dedicada a facilitar la integración del migrante en España (ServiR Migrantes). Y, todo ello, mientras cada equipo se nutre a nivel interno de los beneficios de la eficiencia y la velocidad.
Joaquín Cuenca lo explicaba hace muy poco en una conversación con Business Insider España: cada vez que una nueva tecnología pone todo patas arriba, la sociedad (y sobre todo la sociedad europea) pone el grito en el cielo y se concentra en los problemas sin ser capaz de ver el infinito abanico de soluciones inherente a la revolución. Cuenca recuerda que hasta hace dos o tres años, “hacer una película con 100.000 euros era poco menos que una fantasía”, cuando Magnific habilita ahora que cuatro simples figuras (guionista, director de fotografía, técnico de audio y director) se junten para urdir y lanzar un largometraje.
Startups de finanzas, educación y salud se han subido al carro de la IA, igual que lo han hecho otras de agrotech, gaming, logística portuaria, proptech, biotech y ciberseguridad. El juego es mucho más fácil de lo que parece: se tarda bastante menos en adivinar dónde hay inteligencia artificial que en destapar quién se ha quedado atrás.