Texto - Publicado hace 15 días

El contenido a la carta nunca ha estado tan vigente

Ni siquiera los periódicos son lo que eran ni se entienden sin esa vertiente audiovisual sublimada en las plataformas de streaming y entre gigantes como YouTube y Spotify. Pero, en contra de lo que pueda pensarse, los contenidos escritos también cuentan con nuevos canales de difusión. 

Misión
Publicado hace 15 días

Los medios de comunicación han sido el intermediario tradicional para periodistas, escritores y divulgadores en todos los campos del saber. O uno se consagraba al oficio -un oficio repleto de vericuetos, hondonadas, sustos y desafíos-, o bien forjaba una marca personal tan potente que el propio medio, atraído por esa reputación, ofrecía al autor un escaparate en forma de tribuna o colaboración periódica. 

 

Pero los tiempos han cambiado y lo han hecho en dos direcciones a lomos de la digitalización. La primera tendencia, la más obvia y predominante, determina que los contenidos audiovisuales se imponen entre el público de todas las edades, pero especialmente de los millennials para abajo. Donde antes mandaba la televisión, imán para las familias de otra generación en el espacio común del salón, hoy dominan plataformas estadounidenses de streaming como NetflixHBOPrime VideoDisney+. Quien busque una aproximación más centrada en el cine español clásico o independiente, también tiene Flix Olé Filmin, respectivamente.    

 

A estas marcas, especializadas en la producción y emisión de series donde se rompe la narrativa contenida y se apuesta por prolongar el guión mientras la audiencia aguante, se suman players en apariencia encasillados en otros segmentos (YouTubeTwitch). YouTube, una de las grandes divisiones de la gigantesca y omnipresente Google, intentó sin demasiado éxito competir con Netflix promoviendo sus propias series, pero ha cambiado de estrategia en los últimos años para facilitar que sean los propios youtubers los que se conviertan en los canales que quiere el público. Además, desde su app es posible suscribirse a otras plataformas. 

 

Mientras lo audiovisual nada en la abundancia y las superproducciones, el podcast se convierte en la nueva radio gracias a Spotify, las herramientas de Youtube, Apple y Amazon o jugadores especializados como iVoox (centrado en el mercado hispanohablante). Sólo en 2024, se estrenaron en España casi 1.100 podcasts, según el informe Cómo Suenan los Podcasts en Español. Algunos se integran directamente en ese intermediario que es el medio de comunicación, otros nacen por su cuenta y riesgo desde empresas y emprendedores, colectivos, celebrities y especialistas con ganas de lanzar sus mensajes de manera más directa y espontánea. 

 

Pero no menos interesante es la segunda derivada del cambio operado con la irrupción de internet. Con menos fanfarria que la fiesta audiovisual aunque con paso firme se abren hueco compañías como Substack, una reinterpretación de fórmulas ya ensayadas por competidores del estilo de Medium. Lo que Substack propone es la creación de miles de canales donde prima el contenido escrito, aunque de hecho también sean posibles los podcasts e incluso los vídeos, dando al dueño de cada canal el poder de decidir si monetiza y en qué medida lo hace mediante suscripciones y diversos planes de pago. Esta es una aproximación que funciona bien en Estados Unidos y Canadá, donde los lectores están dispuestos a desembolsar pequeñas cantidades de dinero a cambio de seguir no ya a un medio en bloque, sino al periodista y escritor que de verdad les gusta. 

 

Distintos artículos publicados en la misma Substack advierten de que el milagro de los panes y los peces en realidad no existe. Hacerse con una buena audiencia requiere paciencia y constancia, nada que ver con la alegría de Facebook en la adhesión de amigos desconocidos o el tirón de influencers de diverso pelaje en el inmenso bucle de Tik Tok. Otro inconveniente, aterrizando ya en Europa, es que las cosas no funcionan aquí como en América. El suscriptor del viejo continente tiende a lo gratuito y se muestra más remiso a pagar, defecto que se agrava aún más en España, un país donde durante años la piratería campó a sus anchas. Por último, los rectores de la empresa made in USA otorgan cada vez más relevancia a las notas, una especie de micro-post inspirado en Twitter/X que conlleva el riesgo de convertir la plataforma en una simple red social donde obtiene más likes quien comunica que ha cocinado garbanzos con chocos que quien prepara un artículo de 5.000 caracteres analizando la deriva de la tecnocracia de Silicon Valley. 

 

Desde Cataluña, varios de los fundadores de Factorial, un unicornio muy orientado al SaaS en el vertical de los recursos humanos, crearon recientemente Ramensoft con la idea de ir lanzando al mercado un ramillete de marcas donde se toma prestada una idea que cuaja en otra latitud y se adapta al tablero europeo con ciertas mejoras. Fruto de esta filosofía nace Fika, la réplica comunitaria a Substack, con tres novedades importantes en relación con su rival: 
1. La monetización a través de suscripciones pero también mediante publicidad. 
2. La traducción a varios de los idiomas predominantes en la UE de cualquier artículo publicado en la plataforma. 
3. La inserción en el flujo de trabajo de un asistente de IA que permite pulir el estilo y plasmar un lenguaje más natural. 

 

Parece obvio que los medios resistirán cualquier ola tecnológica, adaptándose antes o después a las nuevas reglas de juego, pero no es menos evidente que junto al oficio periodístico y en la industria del entretenimiento se despliega en paralelo una fuerza imparable caracterizada por la atomización y las fidelidades de nicho. El contenido a la carta nunca ha estado tan vigente. 


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