Texto - Publicado hace 2 días

Bubble Time: la app para desconectar digitalmente que aspira a dejar de existir

Desde Jaén plantea Jessica Carreño una herramienta para que la gente olvide durante unas horas el teléfono y regrese al lugar del que nunca debió alejarse: la verdadera interacción social

admin
Publicado hace 2 días

Las evidencias científicas son demoledoras. Con las pantallas ocurre lo mismo que con las peores drogas. Son generadoras de adicciones y empujan a la mente al oscuro callejón de la depresión y la ansiedad. Cuando la OMS alerta de que la soledad constituye hoy un problema de salud pública, pone el dedo en una llaga que no sólo duele a los mayores y a los desheredados del capitalismo, sino a esos jóvenes y no tan jóvenes que entablan con el móvil una suerte de relación matrimonial.

 

Jessica Carreño, CEO de Bubble Time, llega a la entrevista bien armada de estadísticas. Dice, por ejemplo, que el 57% de los integrantes de la generación Z admite altos niveles de aislamiento social y que ocho de cada diez chavales sienten con frecuencia esa misma sensación. Alerta, también, de ese fenómeno llamado disonancia emocional que empuja a un 60% de la población a sentirse más sola después de cierto grado de interacción a través de smartphones, tabletas y ordenadores. Recuerda el auge del phubbing, consistente en ignorar en una reunión a aquellos que se centran en el teléfono y no en quienes les acompañan. Y subraya esos 110 desbloqueos diarios del dispositivo que indican un elevado riesgo de enganche.

 

Desde el centro Misión Gaming y creación de contenido digital de Jaén, una ciudad que antes de esta iniciativa no tenía predicamento en las artes del gaming y los contenidos digitales, Bubble Time intenta precisamente combatir este problema de escala universal con una mezcla de contenidos y gamificación. La idea base se sustenta en una app de bienestar digital donde un grupo de amigos se reúne y recurre a las “burbujas de desconexión”. Cada burbuja se crea por un tiempo determinado, el código se comparte con los asistentes y todos ellos se olvidan a la vez del aparato.

 

En principio, mientras dura la burbuja no son posibles las llamadas ni las notificaciones, aunque puede crearse una lista de favoritos capaz de sortear ese cortafuegos y, en el caso de las llamadas, se activan si se registran más de dos durante un minuto. En pantalla, mientras dura el oasis, aparecen un cronómetro con el tiempo restante de la burbuja y el icono de la cámara de fotos, que sí puede utilizarse porque las imágenes de recuerdo del evento se alojan en una carpeta de la aplicación a la que tienen acceso todos los asistentes. “Gracias a todas estas medidas y especialmente a la posibilidad de tomar imágenes, la desconexión se vincula a un momento real”, explica Carreño.

 

Como en tantas otras ocasiones, esta emprendedora andaluza moldea su startup a partir de ciertas experiencias personales. Ésa es la materia prima que ayuda a resolver el problema. Primero, porque ella misma sufre, durante los encuentros con sus amigas, esas constantes interrupciones causadas por los terminales, a veces colocados directamente sobre la mesa, a veces a duras penas escondidos en los bolsos. “Tengo poco tiempo libre y quiero respetarlo”, zanja Carreño. Y, segundo, porque como madre de un hijo de cuatro años es plenamente consciente de la amenaza que se cierne (literalmente) sobre su cabeza.

 

Un estudio del estadounidense Instituto Nacional de Salud donde se monitoriza a 10.000 niños y se les somete incluso a resonancias magnéticas demuestra un adelgazamiento prematuro de la corteza cerebral entre aquellos que pasan más de siete horas al día delante de la pantalla. En dicha corteza se concentra la singularidad del ser humano: su capacidad de razonamiento, el uso del lenguaje, la memoria y el aprendizaje e incluso los rasgos definitorios de la personalidad.

 

Carreño todavía ultima los detalles de su mínimo producto viable, pero eso no le impide esbozar una hoja de ruta. Planteada como un B2C (business to consumer) para la población comprendida entre 25 y 55 años, el modelo de negocio se basa en el freemium. La suscripción mensual cuesta 3,99 euros y permite a quien paga, por ejemplo, configurar en sus aplicaciones de mensajería instantánea un aviso de que está ocupado. De las más de 60 entrevistas conducidas por Carreño para pulir la propuesta destacan dos enseñanzas: una indica que casi la mitad de los usuarios estarían dispuestos a pagar más de 10 euros al mes por una herramienta de estas características; la otra es que la mayoría quiere que el momento burbuja venga acompañado de música, cosa sencilla, ya que plataformas como Spotify son fáciles de interconectar.

 

Licenciada en Telecomunicaciones en una clase con ocho mujeres entre más de 50 alumnos, Jessica Carreño trabajó durante ocho años en RazorSecure, una empresa británica de ciberseguridad. Allí aprendió casi de todo: a representar a la compañía en la Feria de Milán, a introducirla en sociedad en Madrid o a curtirse en el equipo de front-end, encargado de crear toda la constelación de elementos con la que el usuario interactúa al abrir una aplicación o un sitio web. “Lo que más me faltan son los números, el contacto con inversores, la estrategia para levantar una ronda”, admite.

 

Se le pide a la emprendedora que dibuje el mejor escenario a futuro para Bubble Time y ella contesta sin titubeos. “En el mejor escenario, en el más optimista, no habría que utilizar esta app”. Que el universo la escuche.

 


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