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GrodiTech: Drones que lo ven todo y sortean las estrecheces del invernadero

La empresa almeriense comercializa una especie de VAR que permite al agricultor saber cuándo recoger la cosecha e identificar plagas al milímetro. 

admin
Publicado hace 1 mes

Resulta sorprendente que en Andalucía, motor de la agricultura española, no exista una firma tecnológica especializada capaz de exhibir números de campeona nacional. El problema es en realidad sistémico: el vertical agrotech ocupa en España, según el informe nacional de compañías tecnológicas que elabora El Referente, un modesto octavo puesto si el ecosistema emprendedor se ordena por densidad empresarial, con 319 startups, sólo 11 scaleups (compañías que facturan al menos un millón de euros durante varios ejercicios) y ningún unicornio. Si el déficit señala una asignatura pendiente, también desvela una enorme oportunidad. 

 

Esa es la gran ventaja de GrodiTech, startup almeriense enrolada en el módulo de alto rendimiento que Misión Andalucía pone a disposición del emprendimiento en uno de sus cuatro centros, ubicado en El Ejido y volcado precisamente con el campo. Natalia Gálvez, CMO de la empresa, contextualiza el tablero donde se juega el porvenir de uno de los pulmones de la economía regional: “Estamos en el epicentro de la agricultura, no hay que olvidarlo, pero esta falta de innovación endémica procede quizás de un complejo de inferioridad que empuja al agricultor local a buscar las soluciones más avanzadas fuera. El problema es que esos productos y servicios suelen adaptarse mal a lo que hay aquí”. 

 

La propuesta de valor de GrodiTech es de primera magnitud: este equipo de diez personas diseña y comercializa un sistema de monitorización de cultivos de invernadero basado en drones. No se trata, claro, de dispositivos de libre vuelo, pues los recintos donde operan son angostos y dejan nulo margen al error, así que la infraestructura se sustenta en una suerte de raíles que prefijan el itinerario de cada dron, equipado con cámaras de visión artificial y capaz de identificar la presencia de plagas, el momento óptimo de recogida del fruto y la producción estimada.

 

Cada hectárea de invernadero tiene un coste aproximado de 55.000 euros. El modelo de negocio se basa en ese pago inicial por la instalación y el mantenimiento durante un año, aplicándose a partir del segundo una suscripción al SaaS (software as a service) que permite gestionar la flota de drones (llamados Vega) y los datos. La startup andaluza cuenta ya con cinco clientes y 22 drones en funcionamiento, tiene el foco en la comunidad autónoma y prevé expandirse por el resto del país en los próximos meses para abordar en una fase ulterior el aterrizaje internacional. 

 

“En gran medida el crecimiento lo condicionamos a la adaptación: queremos estar en la piel de cada cliente y personalizar lo que tenemos según sus necesidades -detalla Gálvez-. Además, iremos ampliando nuestro portfolio de servicios para adaptarlo a la agricultura de exteriores y al fenotipado en semilleros y casas de semillas, por citar dos ejemplos. Sabemos que somos muy escalables”. Para pertrecharse y hacer camino, GrodiTech levantó una ronda pre-seed de 150.000 euros en 2022. Actualmente negocia una segunda operación de mayor importe que se anunciará en las próximas semanas. 

 

Gálvez recurre a una analogía para subrayar el atractivo de la startup. Del mismo modo que Steve Jobs, icono de Apple e impulsor del iPhone, bromeaba con una idea que encerraba bastante verdad (“somos especialistas en presentarte algo que no sabías que querías”), “GrotiTech ha respondido a un problema que estaba ahí en el campo. Es una inversión considerable, pero el retorno de la inversión es elevado y el ahorro de costes muy obvio, pues se recoge yendo al grano y ya no hay que sulfatar de manera genérica cuando se detecta una plaga”. Descuella así la agricultura de precisión. Vega sobrevuela con sus cámaras un espacio cargado con sensores de temperatura, humedad y CO2, recaba diariamente datos de unos 1.000 puntos de referencia y captura alrededor de 4.000 imágenes que la propia inteligencia artificial diseñada ad hoc por la empresa analiza para identificar dónde está el bicho o cuál es el estrés hídrico de la planta. 

 

Esos algoritmos de desarrollo interno se entrenaron primero con el pimiento, un cultivo complejo por la altura que alcanza. El proceso que permite después la automatización resulta bastante artesanal: “Recopilábamos miles de imágenes y las etiquetábamos manualmente para que la IA funcionase posteriormente de forma autónoma”. 

 

Respecto a los retos que aguardan a la agroindustria, Gálves destaca uno sobre el resto: “Antes cada explotación operaba como una islita, pero para responder a las necesidades de producción que demanda el planeta necesitamos cooperar e innovar en equipo. Ya se observa un cambio de chip en el agricultor, pero hay que hablarle de cosas con las que se identifique, no de abstracciones. Al final, la competencia no debería darse entre vecinos, sino a nivel internacional”. 


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