SoleaHeat da una vuelta de tuerca al embudo de la energía con una solución avalada por la UE
La startup jerezana participa en el centro de Misión en Algeciras con una tecnología que convierte el calor en frío para el almacenamiento de productos perecederos en las instalaciones portuarias.
Uno de los grandes problemas del momento es el consumo eléctrico. La IA está detrás del fenómeno, pues un gran modelo de lenguaje (LLM) se sustenta en los centros de datos y estos exhiben una voracidad difícil de gestionar, aunque poco a poco se asomen soluciones como la de la española Submer y sus tanques de inmersión. Lejos de desaparecer, el desafío se extiende a industrias de todo tipo, aunque sean menos mediáticas. Puede ocurrir, por ejemplo, que una planta quiera incrementar su producción pero sea incapaz de hacerlo por el embudo de la producción eléctrica. En tal caso, un negocio que funciona puede verse atrapado en la ineficiencia del sistema.
SoleaHeat descuella en este contexto como una empresa de ingeniería liderada por el jerezano Borja Flagg (el apellido se explica por el origen estadounidense de su padre) que ha sido capaz de diseñar una tecnología de concentración termosolar que se implementa en forma de caldera y se instala en la infraestructura de los clientes industriales para generar calor a temperaturas que oscilan entre los 100 y los 350 grados. Esta es una de las líneas de trabajo que la Unión Europea marca como prioritarias para abordar el reto de la descarbonización de la economía.
La startup participa en Misión a través del centro ubicado en el puerto de Algeciras. Además, a principios de este año, SoleaHeat se enroló en la iniciativa de puertos del Estado Puertos 4.0 en la categoría de proyectos precomerciales “para demostrar que esta tecnología también es capaz de funcionar al revés, propiciando el frío a través del calor mediante un sistema de absorción inversa” perfecto para las cámaras frigoríficas donde se almacena cierto tipo de mercancía. “Esta es una solución que lleva tiempo estudiándose no sólo en Bruselas sino también desde la Agencia Internacional de la Energía, y ya se sabe que es viable aunque falte dar el salto comercial”, explica Flagg.
El planteamiento propuesto a la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras supondría generar entre 60 y 80 kilovatios de potencia. Es un gancho, una manera de acreditar que con tecnología termosolar es posible refrigerar a cinco grados centígrados un contenedor y escalar después el sistema a todos los almacenes del puerto que lo requieran. El problema, apunta Flagg, es que para ser competitiva, esta solución exige una cierta escala (alrededor de 350 kilovatios), “una inversión significativa que no todo cliente quiere o puede asumir”. Para hacerse una idea de los costes, la beta precomercial de SoleaHeat se va a los 25 kilovatios y cuesta un millón de euros. “El contenedor de prueba en Algeciras es una manera muy gráfica de demostrar que esto funciona. Desde ahí puede correrse la voz e implementarse en puertos de ciertas características y otras infraestructuras industriales. De Madrid hacia abajo tiene todo el sentido, quizás en Galicia no lo recomendaría”.
Uno de los ingredientes diferenciadores de SoleaHeat es su verticalización. Cuatro son los segmentos donde actúa: transformación de productos perecederos y no perecederos (bebidas, papel, cartón, aceite, textiles, lácteos), frío (aplicable a todos los productos anteriores), extracción de minerales (muchos de los necesarios para acelerar la transición energética pueden extraerse con esta tecnología) y comunidades energéticas (hospitales, hoteles, centros comerciales, infraestructura pública).
De momento, el núcleo de la compañía lo componen tres personas: además del propio Flagg, Eva María Díaz Buzón (socia capitalista) y Renzo Salazar Vallejo (abogado especializado en el sector energético). SoleaHeat recibió una ayuda de 40.000 euros del Ministerio de Industria y espera levantar su primera ronda de inversión a comienzos de 2026, aunque sólo recabando el apoyo de business angels. “Para finales de año nos gustaría iniciar conversaciones con alguna gestora de venture capital e inversores más institucionales, por ejemplo, el Ayuntamiento de Jerez. Queremos smart money y el mercado energético no es sencillo”, avanza el emprendedor andaluz.
“Nuestra tecnología funciona de manera similar tanto en frío como en calor. Tenemos nuestros concentradores termosolares de media temperatura, que son de diseño propio y cilindroparabólicos, es decir, capaces de reflejar en una línea focal la radiación solar. El fluido se redirige a un intercambiador y ahí hay un cruce de tuberías, las tuberías de fluido caliente y las de fluido frío. En ese intercambiador es donde se hace el traspaso energético, se mide cuánta energía entrego al cliente y cuál es la facturación”, pormenoriza Flagg. Si la fotovoltaica sólo es capaz de transformar entre el 15% y el 25% de la energía en electricidad, la solución de SoleaHeat multiplica por tres la eficiencia.
Flagg se deshace en elogios hacia Misión, pero se detiene específicamente en las mentorías boutique. “Esa red nos viene fenomenal porque somos muy técnicos y hemos podido colaborar con mentores muy orientados a la comunicación y que han implementado estrategias para soluciones muy complejas. Ellos nos han ayudado a crear la narrativa adecuada para aterrizar nuestra propuesta de valor”.