Forest +: devolver a Almería el verdor de sus bosques y resolver de paso el sudoku del agua
La startup cierra un acuerdo con el ayuntamiento de El Ejido para plantar 500 cipreses de Cartagena en una hectárea próxima a la sierra de Gádor. También trabaja en un software para calcular la huella de carbono y la compensación de emisiones.
España es un país de contrastes y malentendidos. En el imaginario menos cultivado de Estados Unidos, por ejemplo, la Península queda representada como un pariente algo más sofisticado de México, tal vez sólo por su raíz europea. Escritores ingleses como Richard Ford (no confundir con el autor de Canadá), Gerald Brenan o Lord Byron se volcaron con la hermosura de Andalucía y su vida rural, mientras que la Guerra Civil dejó imágenes como Muerte de un Miliciano, la célebre foto de Robert Capa, en un paraje inhóspito de la campiña cordobesa. La cornisa cantábrica, muy alejada del olivo, los cortijos y la aspereza de Sierra Morena, evoca la impronta celta, el verdor, los osos pardos y la lluvia perenne.
Sea cual sea la estampa que uno conserve en su mente, tanto España como el resto del planeta necesitan más masa forestal para suavizar la galopada del cambio climático y el calentamiento global. Pese a los incendios del pasado verano, el territorio aún dispone de más de 19,13 millones de hectáreas de bosque, según Eurostat, cifra que trepa hasta 28 millones de hectáreas si se incluyen matorral y otras zonas cuasi boscosas, el 55% del espacio que ocupa el país en el mapa. El reparto, claro está, es desigual, y no sólo por la mayor o menor presencia de árboles, sino por la pluviosidad. Una de las provincias más áridas es Almería, que dispone asimismo del único desierto oficial, el de Tabernas, 280 kilómetros cuadrados que reciben más de 3.000 horas de sol al año.
Se explica mejor así, en este contexto, el proyecto que lidera Daniel Miguel Díaz a sus 25 años con Forest +, una de las startups adscritas al centro de Misión en El Ejido. Ingeniero en robótica por las universidades de Málaga y Sevilla, ex profesional de la banca de inversión y actualmente residente en Malta, donde trabaja para la regasificadora de gas gallega Reganosa, Díaz se desdobla para coordinar un proyecto que nace a la par que Misión y cuenta ya con su primera meta: plantar en una hectárea de terrenos del municipio almeriense, vía concesión duradera (al menos 40 años), un bosque de 500 cipreses de Cartagena.
“Lo que hacemos nutritivo y diferente es un software que conecta a entidades públicas y sociedad para agilizar la reforestación”, resume. La normativa europea es cada vez más exigente y obligará tanto a las administraciones como a las empresas que cumplan ciertos requisitos (más de 250 trabajadores, 20 millones de euros de facturación o 40 millones en activos) a compensar su huella de carbono. Forest + pretende validar su modelo en El Ejido para llevarlo después a todas esas cooperativas agrarias que quedarán obligadas por el nuevo marco legal.
Ya existen compañías españolas que se dedican al software, los datos y los informes generados con la ayuda de la IA (Dcycle, Manglai), del mismo modo que las hay enfocadas en acometer reforestaciones (Retree), pero Díaz avista la oportunidad en la confluencia de ambos servicios y es allá adonde se dirige Forest +, que trabaja con ENAC (Entidad Nacional de Acreditación) para comercializar un software que calcule las emisiones de un actor, elabore un plan de reducción de la huella de carbono y, en su caso, ayude a implementar dicho plan junto al cliente.
Siempre se pregunta por el modelo de negocio porque ningún emprendedor se arriesgaría a invertir tiempo y dinero en un esquema imposible de sufragar. No es tan frecuente, sin embargo, que la respuesta recibida deje en segundo plano el ánimo de lucro, tan voraz y tan presente en el capitalismo, para anteponer el concepto del bien común con una formulación que Díaz explica así: “Me gustaría que los ingresos derivados del software sean los que sostengan la empresa y que ello nos permita reforestar cobrando menos por cada árbol plantado o incluso invirtiendo parte del margen en campañas de marketing para que la gente nos conozca”. Este detalle es importante y nos devuelve a la hectárea de El Ejido, pues allí serán los ciudadanos los que financien la operación. Cada ciprés costará diez euros, generará un informe de sostenibilidad para el ayuntamiento y permitirá al donante saber dónde está su árbol y cuántas emisiones compensa a través de una app.
Los terrenos pendientes de reforestación colindan con la Sierra de Gádor, un entorno donde el ciprés (mal llamado) de Cartagena existía décadas atrás. “Tratamos de respetar la biodiversidad propia de la zona y ha sido muy importante contar con la opinión del biólogo reforestador Alberto Urea. En Almería hay poquísima agua y 60.000 hectáreas de agricultura. Los invernaderos consumen mucha y recurrieron a los acuíferos, cuyo ritmo de reposición era menor al del uso. Al final quedaron contaminados por los químicos que se echaban a los cultivos y son inutilizables hoy. Luego están las desaladoras, que exigen inversiones millonarias. Pero si planto un bosque en la sierra de Gádor, los árboles cumplen su función y hacen de esponja, regenerando los acuíferos. Pensamos en balsas y desaladoras cuando hay recetas naturales para almacenar más agua en el suelo”, describe Díaz en lo que parece un sueño aunque sea una maravillosa realidad.