ADN y músculo económico: Por qué Andalucía tiene todas las papeletas para ser una potencia mundial del agrotech
Tradicionalmente ligada al campo, la comunidad autónoma tiene una asignatura pendiente: recurrir a las nuevas tecnologías para mejorar su rendimiento y actuar con precisión milimétrica. Ésa es la misión de Misión.
Para dimensionar la vertical agrotech, profundamente conectada a la economía andaluza, no hay mejor guía que el informe anual sobre el ecosistema del emprendimiento digital elaborado por El Referente. En torno a la agricultura inteligente se despliegan en España, según dicho documento, 319 empresas: 122 pymes, 176 startups y 11 scaleups. Estas últimas quedan definidas por una facturación superior al millón de euros durante varios ejercicios seguidos, aunque sus ingresos pueden alcanzar cifras mucho mayores. El sector factura al año 239,8 millones de euros, emplea a 2.318 personas y genera unos ingresos medios de 751.749 euros.
En el top 10 de los polos agrotech de innovación se incluyen dos ciudades andaluzas. Almería (cinco empresas agrotech que suman unos ingresos agregados de 651.280 euros) y Córdoba (cuatro compañías y 250.000 euros). Las cifras, modestas, permiten hacerse una idea del extraordinario potencial de crecimiento que encierra este segmento, cuyas cifras globales en la comunidad autónoma representan alrededor del 6,2% del PIB. Además, según un estudio de Unicaja Banco, Andalucía genera cerca de un tercio de la riqueza agraria nacional.
El contexto es retador. La humanidad se halla en un momento marcado por el calentamiento global, el aumento de la población mundial y la revolución tecnológica que lidera la inteligencia artificial generativa. Especialmente relevante es el fenómeno climático, con oscilaciones más extremas y sequías pertinaces que colocan al agricultor en una posición inédita: ahora, además de un agente económico, opera a menudo como player crucial de la sostenibilidad y la optimización de recursos, atendiendo por si fuese poco la demanda de un mercado global que siempre pide más.
Entre las tendencias que moldean el presente del agrotech pueden citarse un buen puñado de herramientas, tecnologías y modalidades. Una de las más conocidas es la denominada agricultura de precisión, que recurre al big data, el internet de las cosas (IoT) y la IA para determinar, por ejemplo, la salud del suelo, cuánta cantidad de agua es necesaria para que un cultivo prospere, cómo evolucionará la cosecha, dónde se produce una plaga y cómo atajarla para evitar males mayores. A menudo, las soluciones de este bloque están íntimamente conectadas a startups especializadas en visión satelital. Muchas resuenan en los últimos meses en España, incluida Fossa Systems, fundada por el linense Julián Fernández.
Desde Andalucía descuella otra gran referencia, la que representa la agricultura regenerativa del empresario Luis Bolaños, que demuestra que es posible compatibilizar el rendimiento de una explotación con la regeneración de la fauna y la flora. Bolaños recuerda que los entornos más resilientes son aquellos donde el trabajo normalmente encomendado a los pesticidas lo hacen los propios insectos y animales. Parte de su misión consiste en destapar esta realidad al agricultor de toda la vida.
En el centro de emprendimiento digital Agrotech que Misión pone a disposición de los emprendedores en El Ejido (Almería) caben todo tipo de ideas. Una con mucho tirón que impacta asimismo en verticales como la logística marítima (en el puerto de Algeciras se ubica otro de los centros de Misión) es la utilización del blockchain para salvaguardar la trazabilidad del producto y las cadenas de suministro desde el punto A (productor) hasta el punto último (consumidor), mejorando notablemente la seguridad alimentaria.
Se expande también la automatización en el campo con robótica y drones capaces de sembrar, cosechar y vigilar el estado de los cultivos. Una de las claves aquí es la reducción drástica de la dependencia de mano de obra en un sector que es muy duro y queda, más que nunca, abierto al debate: ¿Se pierden puestos de trabajo o se ganan oportunidades para invertir ese esfuerzo en tareas de más valor añadido?
Los gemelos digitales, frecuentes en otras industrias, ya son un recurso más en algunas explotaciones dispuestas a simular prácticas agrícolas para vaticinar el resultado, mejorar la toma de decisiones y minimizar riesgos. Por asépticas que parezcan, las matemáticas y los algoritmos pueden nutrirse de la estadística y los registros históricos de una región, convirtiendo al agricultor en un maestro de la precisión.
En la esfera urbana, tan alejada sobre el papel de las bondades de la vida rural, varias prácticas ganan terreno. Una de ellas, bien conocida, es la agricultura local, pensada para reducir la contaminación asociada al transporte y para fomentar la creación de ciudades más autónomas (del mismo modo que se plantean, a menor escala, los barrios de Barcelona con sus islas). Sin salir del casco urbano, otra solución que gana tamaño es la agricultura vertical modular y escalable, cuya gran virtud es que puede desplegarse en edificios desocupados, recurriendo a sistemas aeropónicos (un tipo avanzado de cultivo sin suelo en el que las raíces de las plantas se suspenden en el aire y se rocían con una solución nutritiva rica en minerales y agua) y al reciclaje de agua para el regadío.