Smart Mobility: una ventana al futuro cada vez más cerca del presente
La movilidad inteligente es uno de los cuatro verticales potenciados desde Misión. Se trata, sin ninguna duda, de uno de los sectores más corales de la tecnología. En 2024 acaparó el 45 % de las rondas europeas de inversión.
El mantra de la movilidad inteligente sobrevuela desde hace unos años los despachos donde se toman las grandes decisiones políticas y económicas. Europa quiere electrificarse, Estados Unidos cuenta desde 2003 con Tesla, un outsider venido a (mucho) más, China pone sobre la mesa la revolución de marcas como BYD, donde el paradigma de la copia deja paso al de la innovación; y entretanto se desarrollan y afilan diferentes herramientas de IoT (internet de las cosas), blockchain y, sobre todo, inteligencia artificial. Uno de los cuatro centros desplegados por Misión (Alhaurín de la Torre, Málaga) aborda precisamente los desafíos de una industria en constante evolución donde empresas como la catalana Wallbox, que cotiza en la bolsa de Nueva York, ya han demostrado que los operadores globales también pueden nacer en España.
En un tablero tan cambiante como el actual, lo que ayer era tendencia hoy es historia. McKinsey, una de las consultoras más reputadas a escala internacional, cuenta precisamente por ello con el Center for Future Mobility, uno de los mejores termómetros del sector. Se sugieren ahí seis grandes categorías: los vehículos autónomos, los servicios digitales asociados a la conducción, la movilidad de cero emisiones, la MaaS (mobility as a service, un término que se inspira en los ubicuos y bien conocidos SaaS) y las nuevas formas de movilidad (a menudo vehículos ligeros como los patinetes o las bicicletas eléctricas).
Si se observa detenidamente el listado del párrafo anterior, se alcanzará una rápida conclusión: este es uno de los verticales más corales de la tecnología. En este puzzle cada pieza encaja. Encajan los fabricantes de nuevo cuño, empresas como LIUX, dirigida desde Madrid por el sevillano Antonio Espinosa de los Monteros y responsable del que será posiblemente el coche más innovador y sostenible del mercado, un biplaza urbano con una autonomía máxima que ronda los 170 kilómetros y que incorpora en su diseño materiales procedentes de resinas vegetales, renunciando además a las pinturas industriales por su carácter contaminante. Encajan las estaciones de recarga para vehículos ligeros ideadas por la startup andaluza Solum, que ha diversificado su oferta con la creación de suelos solares donde no hay espacio para instalar paneles. Encaja Velca, la marca de motos eléctricas inspirada en Vespa. Encaja LiveLink, otra compañía made in Andalucía especializada en tecnología IoT para motociclistas y destacada recientemente en los medios por cerrar una ronda de inversión de 2,4 millones. Y encaja la malagueña Activacar con su portafolio de carsharing, renting e instalación de puntos de carga. Son sólo algunos nombres en un mapa que incluye muchos más.
Qué se cuece hoy
Los datos europeos de inversión en smart mobility señalan que en 2024 el venture capital desembolsó en startups del sector 5.280 millones de euros, un 30% menos que el ejercicio anterior. “A pesar de esta corrección de los mercados -subraya el informe anual de Dealroom-, la movilidad sigue siendo una de las industrias más atractivas donde invertir, mantiene desde hace una década su posición en el top cinco de los verticales que movilizan más capital (los otros son salud, SaaS, energía y fintech) y representa en 2024 el 45% de todas las operaciones”.
Un fenómeno capaz por sí solo de transformar la movilidad es el coche autónomo, cuyas primeras unidades circulan ya en ciudades como San Francisco, beneficiaria directa de todo lo que ocurre en la vecina Silicon Valley. La teoría es muy clara al respecto: con una flota de vehículos de este tipo sustituyendo a medio plazo a los coches más ortodoxos se reducirían los accidentes de tráfico, los embotellamientos y las emisiones de CO2. En España se calcula que los siniestros en la carretera caerían un contundente 90%.
La eficacia del despliegue de estos autos dependerá en gran medida del grado de sofisticación que alcance la inteligencia artificial, capaz de asumir tareas como la optimización de rutas o el mantenimiento mecánico, y de la integración de los vehículos eléctricos en las redes (V2G), de modo que al incentivo de una conducción limpia y fiable se sume la posibilidad de que el conductor venda energía a la red eléctrica.
Al concepto MaaS le ha salido un complemento, el MaaF (mobility as a feature), una integración de los servicios de movilidad en una plataforma más amplia de servicios, por ejemplo Booking o Google Maps, desde donde sería posible reservar directamente un patinete eléctrico o una e-moto, o Glovo y Uber Eats, que podrían aprovechar sus rutas de reparto para transportar también a viajeros.
También resuena el propósito de la intermodalidad (combinar diferentes medios de transporte para llegar de A -un punto en el extrarradio- hasta B -el centro financiero o comercial de una ciudad-), muy alentado desde Bruselas, se avanza lentamente en la digitalización urbana (lo que antes se llamaba más ambiciosamente smart city), se perfecciona el concepto del reparto de última milla, se atisba la aparición de una nueva generación de baterías de litio más duraderas y con menor tiempo de recarga, y toma cuerpo el hidrógeno verde como principal nutriente para el transporte de vehículos pesados.
La partida lleva tiempo en marcha. La ventana del futuro tiene vistas al presente.