Emilio Solís: “En el centro de Alhaurín todo gira en torno a un eje: que las startups salgan al mercado”
17 empresas tecnológicas se enrolan por ahora en el centro de Smart Mobility en Alhaurín de la Torre. La movilidad del futuro va mucho más allá del coche autónomo.
En Alhaurín de la Torre, Málaga, es donde se cierra el rectángulo trazado por Misión. Allí se ubica el centro dedicado a Smart mobility, un concepto con diversas ramificaciones, todas ellas de vital importancia: desde la sostenibilidad del transporte público y privado hasta la ciudad inteligente, pasando por el internet de las cosas, el big data y la inteligencia artificial.
“Hay muchos aspectos espectaculares en los que no reparamos cuando pensamos en este vertical. Uno se imagina vehículos autónomos, esos túneles que Elon Musk quiere construir en California para suavizar las congestiones de tráfico o aerotaxis sobrevolando la ciudad, pero lo verdaderamente disruptivo es el coche comunicado”, explica el director del centro, Emilio Solís. “Los emprendedores que se enrolan en nuestro centro tienen acceso, por ejemplo, a la plataforma STEP de Vodafone, que conecta dispositivos móviles y automóviles permitiendo dar instrucciones en milésimas de segundo para que el coche frene en seco si al conductor se le cruza por sorpresa un peatón. Conocer la ubicación de una flota móvil, salvaguardar al viandante, esquivar accidentes, el transporte público que se adapta a la demanda en tiempo real también es smart mobility”.
Solís es biólogo de formación y aceptó hacerse cargo de este proyecto porque su rol de “facilitador” es clave para que esas startups que empiezan o han traccionado, pero aún tienen camino por delante “hagan cosas que les sirvan”. La filosofía del directivo andaluz es inamovible: “Más que la gestión, me gusta la chicha. Mi escuela de pensamiento para este tipo de empresas es el método lean startup. Hay que correr. Hay que analizar los KPIs. Hay que tener claro el camino. Y, claro, hay que atraer clientes. Todo eso implica validar desde el primer minuto y salir a vender con o sin producto final. Esta es la clave que explica que Misión no sea un programa más de aceleración entre otros 1.200”. Las mentorías, la consultoría avanzada, las conexiones que se ponen sobre la mesa… Cada pieza orbita alrededor de un solo eje: salir al mercado.
Las 12 startups acogidas por ahora en fase de aceleración y las otras cinco incluidas en el programa de alto rendimiento del centro de Alhaurín tienen como mínimo una certeza. Emilio Solís ha cruzado estas aguas en infinidad de ocasiones. Él es el coordinador de Impactaste, el programa de innovación abierta de Hijos de Rivera (Estrella de Galicia) en torno al aprovechamiento del bagazo, un subproducto derivado de la cebada que puede transformarse en aperitivo. En este ámbito, Solís orquesta el esfuerzo de 60 universidades y centros tecnológicos y sus respectivos estudiantes y emprendedores.
También fundó una consultora especializada en la potenciación de soft skills, muy demandadas hoy a nivel ejecutivo; creó Ideas Factory, un programa de iniciación al emprendimiento con universidades andaluzas, de Madrid y Murcia; fue el ideólogo de escueladetiempo.com, “un Tinder del empleo” que sólo evaluaba el conocimiento y evitaba que los reclutadores supieran el género, la edad y el origen del candidato; moldeó un venture builder junto al PTA y la Universidad de Málaga, y todavía hoy se encarga de dos espacios de coworking y uno más de coliving en Málaga. “Estoy en Misión porque domino la smart mobility y porque sé mover a la gente. Tengo que ser capaz de leer al emprendedor, asignarle al consultor ideal y enviarlo a la calle a buscar negocio. La ventaja es que esto es pequeño. No trabajamos con 1.000 startups a la vez. Quiero saberme los nombres de cada persona que pisa el centro, qué necesita, qué le preocupa, dónde vive. Es como gestionar una pequeña compañía y conocer muy bien a tu equipo”.
Solís cree mucho en “la startup unipersonal” que al final no necesariamente se convierte en un unicornio. A veces, simplemente, se consolida como una pyme. “Eso es mucho mejor que levantar 400 millones y desaparecer de la noche a la mañana o que encadenar premios y menciones sin haber vendido nada”. El problema es que para los medios las rondas de inversión son el principal termómetro del éxito, una vara de medir engañosa. “He visto demasiadas veces ese perfil de startup que empieza a captar fondos con un buen pitch pero que ha salido poco al mercado”. En Misión manda la chicha, ya lo advirtió Solís.
Entre las empresas del centro, el director destaca los casos de ShhhSensor (tecnología para medir las aglomeraciones y el ruido de fondo), Eleven AIs (fotografía científica con aplicaciones en smart mobility) y Zero Labs (medición de la descarbonización de las empresas). A su juicio, el vertical necesita urgentemente “startups que trabajen con baterías para vehículos eléctricos, que van a ser un dolor de cabeza por lo difícil que es su reciclaje”. La movilidad inteligente representa, según Solís, un sector “más complejo que otros” por tres razones: que la idea no se entienda; que la burocracia ralentice los resultados y que los early adopters no lleguen al ritmo deseado. El reto está ahí y existe un centro andaluz dispuesto a superarlo.