Texto - Publicado hace 18 días

Solaris Vita: cuando el techo del invernadero paga la factura de la luz

El madrileño Miguel Iglesias lidera un proyecto basado en paneles fotovoltaicos semitransparentes para invernaderos que puede dar un buen empujón a la modernización del campo andaluz

Fede Durán
Publicado hace 18 días

Almería no necesita que nadie descubra su desafío. El agua es un recurso escaso, la mano de obra desaparece paulatinamente, los precios de la energía muerden la cuenta de resultados y las plagas, cada vez más resistentes a los tratamientos, avanzan con la obstinación del organismo que sabe que el tiempo juega a su favor. El mayor mar de plástico de Europa, la infraestructura agrícola que surte de frutas y verduras a buena parte del continente durante los meses de invierno, lleva años mirando al horizonte con la inquietud de quien sabe que el modelo funciona pero necesita ciertos arreglos. La competencia aprieta cada vez más, sobre todo en la otra orilla del Mediterráneo (MarruecosEgipto). 

 

Desde Málaga, Miguel Iglesias comanda Solaris Vita, la startup alumni del centro de agrotech que Misión tiene en El Ejido y que diseña paneles solares semitransparentes que generan energía renovable sin reducir el rendimiento agrícola. Se trata, como en el caso de otras soluciones ya aparecidas en este blog (robótica, drones, sensorización), de contribuir a la modernización del campo andaluz desde un ángulo que ningún productor considerará superfluo, pues al final la solución de Solaris aligera la factura de la explotación. 

 

“Para crecer, una planta necesita luz visible, es decir, el rojo y el azul del arcoiris, y con nuestros paneles la recibe pero con menos calor, evitándose así el blanqueo del invernadero y la deshidratación del cultivo, que a su vez consume menos agua”, explica Iglesias. La base de este proyecto son una serie de investigaciones científicas donde se prueban diversas fórmulas de fabricación de los módulos que conforman los paneles. El primer piloto se ha implantado en la Universidad Politécnica de Madrid con la colaboración de Moeve, la antigua Cepsa. El siguiente paso será ir a Almería y Huelva a testar la tecnología sobre el terreno.

 

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Todos los fabricantes de paneles a los que recurre la empresa son europeos. Del concepto en laboratorio al producto fabricado se pierde algo de transparencia, pero Iglesias asegura que hay mucho margen de mejora. Asimismo, Solaris entrará en la subcategoría de la fotovoltaica orgánica, una especialidad que se investiga desde 2000 y donde el silicio, exigente energéticamente (hay que alcanzar los 1.000 grados para calentarlo), se sustituye por paneles de plástico flexibles, reciclables y, en el caso de la startup, semitransparentes. 

 

“Los agricultores muchas veces no tecnifican porque no les sale rentable -reflexiona el CEO y fundador de Solaris Vita-. Nosotros les ofrecemos, gracias a la instalación de nuestros paneles, una reducción de hasta el 70% del coste energético. Es una buena razón para usar esta tecnología”. En el caso de los invernaderos menos sofisticados, lo que la startup plantea es que un tercero recurra al invernadero para generar electricidad. Esa energía puede destinarse después a usos tan variados como el ferrocarril, las plantas desalinizadoras o la producción de hidrógeno verde. “A cambio del uso de su cubierta, el agricultor recibe un alquiler. Podríamos instalar hasta 250 kilovatios por hectárea”. 

 

Otra solución por la que Solaris apuesta son unos paneles opacos de silicio (apenas ocho kilos por panel) pensados para cubrir las balsas de agua que suelen colocarse junto a los invernaderos. Gracias a este techo, se evita que el 20% del líquido se evapore. “Los paneles se instalan de manera muy sencilla en las cubiertas de las balsas y aquí recurrimos a un modelo energy as a service donde el agricultor no paga por la instalación, sino cada mes y del ahorro energético que consigue. Los primeros pilotos se hicieron en abril y están funcionando bien”, actualiza el emprendedor de Madrid. 

 

Esta última tecnología ya se puede comercializar; los paneles semitransparentes se fabricarán a escala a partir de 2031. Iglesias prevé una capacidad productiva de un millón de metros cuadrados de paneles al año

 

“O Almería se tecnifica o sufrirá  cada vez más con la competencia”, advierte el entrevistado. “Ha habido modernización, pero no al ritmo suficiente. Los invernaderos son rentables, pero cada vez menos. A largo plazo los problemas que se plantean son enormes. Si un invernadero de raspa y amagado, más rudimentario, produce 20 kilos por metro cuadrado, uno que incorpore la tecnología necesaria duplica esas cantidades. También hace falta formación. El invernadero más sofisticado es como un Ferrari; no lo puede conducir cualquiera”. 

 

Ingeniero industrial, especializado en fotovoltaica y nanomateriales, Miguel Iglesias amplió su formación en la ciudad belga de Lovaina (la misma donde se ubica el IMEC, el centro de investigación y desarrollo de semiconductores más avanzado de la UE) y allí descubrió la parte orgánica de la fotovoltaica, “donde Europa es líder y está en una posición envidiable para no depender de China”. Mientras mueve fichas y afila el producto, Solaris busca una ronda de inversión donde aprovechará, seguro, la ayuda obtenida en Misión, un lugar que el madrileño respeta no sólo por el networking, sino también por la elevada calidad de sus mentorías