Texto - Publicado hace 25 días

Logística portuaria y smart mobility, una pareja no tan extraña

Leer entre grúas y contenedores puede llevar a muchas startups a plantear soluciones de movilidad inteligente en el complejísimo entorno de los puertos

Fede Durán
Publicado hace 25 días

Algo tienen en común el contenedor que sale del puerto de Algeciras con destino a Shanghai y el autobús eléctrico autónomo que circula por los bulevares de la pudiente Oslo: ambas son piezas de un mismo mecano que aún no tiene nombre pero que ya reconfigura las reglas del juego. En esta partida de nueva generación confluyen logística portuaria y movilidad inteligente, una intersección perfecta para el emprendedor con ojos de lince. 

 

Durante décadas, los puertos han operado como feudos analógicos. Reinos de papel, documentos apilados, radio AM/FM y reloj de fichar mientras la mercancía llegaba, se descargaba, se apilaba y salía hacia algún exótico destino. El sistema funcionaba porque no existía una alternativa sofisticada. Pero la digitalización rompe esas inercias y abre una brecha por la que penetran y se consolidan algunas de las propuestas más interesantes del ecosistema emprendedor mundial. A continuación se resumen cinco tendencias que han venido para quedarse. 

 

Orquestación del tráfico de última milla

La primera veta de este negocio potencial está en la gestión del tráfico entre el recinto del puerto y la ciudad. En los principales hubs portuarios europeos, el 40 % de la congestión urbana en zonas industriales se debe a la presencia de camiones que aguardan el momento de entrada o salida en las instalaciones marítimo-terrestres. Aquí se produce una fricción clara, pues ese tráfico pesado interfiere en la circulación del entorno. Parece obvio que hay una oportunidad para aquellas startups orientadas a la smart mobility con ese know how que permite, por ejemplo, la optimización de rutas en tiempo real, la comunicación V2X (vehículo a infraestructura) o el despliegue de gemelos digitales para obtener simulaciones de tráfico. Se repite una vez más la analogía del elefante y el picabuey: si los operadores portuarios no disponen de la capacidad para abordar el problema, que sean organizaciones más pequeñas, ágiles y disruptivas las que ofrezcan soluciones salvadoras. 

 

Electrificación de la maquinaria portuaria

Las grúas, los vehículos de transporte interno, las carretillas elevadoras o los tractores de terminal componen un parque móvil que tarde o temprano abrazará la electrificación. Pero una mutación de este calibre y en un puerto no es tan sencilla de desplegar como limitarse a instalar cargadores en un parking o en ciertos espacios públicos. Esta odisea exige una gestión inteligente de la carga, predecir la demanda energética, integrarla con energías renovables y, muy probablemente, contar con sistemas de almacenamiento estacionario. De nuevo, las startups que dominan el software de gestión energética para flotas en entornos urbanos tienen aquí una oportunidad directa de expansión. La curva de aprendizaje ya está superada; sólo es necesario adaptar el producto a un contexto industrial más exigente.

 

Datos como activo estratégico

Un puerto moderno propicia cantidades ingentes de datos: la posición de cada contenedor, el estado de los vehículos, los tiempos de carga, las condiciones meteorológicas o los movimientos de mercancías peligrosas forman parte del día a día de la telaraña portuaria. El problema es que esos datos suelen alojarse en diferentes silos (el operador de terminal, la naviera, el transportista, la aduana) sin que nadie los agregue de forma inteligente. Una plataforma de datos interoperable, construida sobre estándares abiertos y capaz de alimentar modelos predictivos de demanda de transporte es exactamente el tipo de infraestructura que los grandes actores del sector necesitan pero que raramente construyen por sí mismos. Se abre así una ventana de oportunidad para startups especializadas en big datadata lake y plataformas de visualización y gestión de la información. 

 

Movilidad dentro del recinto

Ya lo demostró la inefable The Wire: los grandes puertos son ciudades dentro de la ciudad. Algeciras, Rotterdam, Algeciras o Barcelona ocupan superficies de varios kilómetros cuadrados por los que se desplazan a diario miles de trabajadores. La movilidad interna, hoy resuelta con coches de empresa, autobuses lanzadera y bicicletas, es un problema de smart mobility puro y duro. Vehículos autónomos de baja velocidad, soluciones de microtransporte eléctrico compartido, aplicaciones de gestión de turnos y desplazamientos: todo ello tiene cabida en el entorno portuario antes de que dé el salto a la ciudad de verdad. El puerto, en este sentido, puede ser el laboratorio perfecto para testear aproximaciones que después se escalan a un paisaje más amplio. 

 

Ciberseguridad para infraestructuras críticas

Cuanto más conectado está un puerto, más expuesto queda al cibercrimen. El ataque con ransomware al puerto de Barcelona en 2018 o el que paralizó durante días las operaciones de Maersk en 2017 son avisos de lo que ocurre cuando se digitalizan sistemas críticos sin blindarlos en paralelo. La convergencia entre IT y OT (tecnologías de la información y tecnologías operacionales, respectivamente) en entornos portuarios con vehículos autónomos y sensórica distribuida depara una superficie de ataque enorme. Las startups de ciberseguridad con recorrido en la protección de infraestructuras críticas y vehículos conectados disponen aquí de un tablero que apenas ha comenzado a regularse (la directiva NIS2 es la referencia), pero que repuntará de forma exponencial durante el próximo lustro.